
Fue una tarde de abril cuando el viento alegre y callado acariciaba mi alma, luego a mi mano la tocó la mano tuya, a mi boca tu boca, a mis piernas tus manos otra vez y entonces…entonces me perdí en tu sombra.
Cómo olvidar tus manos tibias sobre mi cuerpo, cómo suprimir incluso el recuerdo de esa tarde convertida en noche donde intercambiamos favores íntimos. Tú siempre tú, yo para ti…pronto se hizo de mañana y mis ojos se nublaron de felicidad al ver tu cuerpo descansando sobre el mío, para entonces la fantástica escena se convirtió en realidad pura; yo buscando una vez más el tibio jarabe de tu cuerpo y tu negado a compartir.
Aquel día no debí olvidarlo…los meses pasaron, repetimos una y otra vez el juego de la entrega hasta llegar el día en el que la arena del reloj se terminó. Hoy no me queda más que rendir un homenaje a ese cuerpo tan tuyo, tan por siempre de ti…a tu egoísmo que me tuvo presa y a esta mujer que hoy libre me recuerda la riqueza detrás de la cual durante algunas noches tu orgullo tan rasguñado y herido encontró el alivio para de nuevo vivir.
Estas líneas no pretenden destazar el cariño que por voluntad propia y desmesurada te entregué, ni siquiera pretenden motivar al olvido…estas líneas son un exhorto a mi razón, esa que tan constantemente confunde tu cuerpo con mi vacío, tan compenetrados, tan de sí mismos...
Chao corazón vacío, corazón tan lleno de ti.


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