mayo 07, 2011




ÉRASE UNA VEZ LA VIDA:...la de cualquiera que se llame "Ser Humano", mortal, real!!!...Alguna vez mágicos, algunas otras no tanto y justo éstas últimas experiencias, en las que el hombre se ve obligado a confrontar sus debilidades surge el peligro con capacidad transformadora o sin ella.

En la literatura son conocidos personajes como: Simbad "el marino" quien vivía emocionantes aventuras en cada uno de sus viajes; Simbad "el cargador" quien era muy pobre y para ganarse la vida se veía obligado a transportar pesados fardos, labor de la cual se lamentaba constantemente; Peter Pan, el eterno niño negado a crecer, feliz de convivir con "niños perdidos" de su misma edad en el "país de nunca jamás", aventureros todos tienen un común: aún cuando son personajes de ficción también experimentaron las >pérdidas necesarias< y lo que éstas implican.

Naufragar...Cargar...Negarse a una pérdida, quien encuentre la cura para esto será el apoderado de una empresa multimillonaria sin duda!!! Mientras tanto, sirvan de algo las siguientes reflexiones...

“Sólo en el peligro crece lo que nos salva”, escribió Hölderlin. A veces hace falta dejarse ir a pique para salir a flote; muchas de las grandes historias que Joan Rivers exhibe en su programa "How´d you get so rich" parten de este principio: hombres y mujeres con una increíble capacidad de transformar sus crisis (muchas de éstas económicas).
El poeta español José Luis Reina Palazón comparte: “La tempestad de la vida viene a ser así una prueba necesaria para llegar al único puerto real, que no es más que uno mismo en su humana verdad, la extrema soledad es la extrema calma, base de la comunicación verdadera con los otros”. Sin embargo dichas extremidades requieren del sano equilibrio, no vaya a ser que el exceso de soledad y calma devengan en un cuadro Depresivo (sirvan sólo entonces como experiencias enriquecedoras, didácticas y con capacidad para ser transformadas potencializando las virtudes del Ser Humano).

Naufragar y, al cabo, reencontrarse con la propia verdad. “Hay que tocar fondo (como Sinbad "el marino"). Hay que ir hacia el lugar de donde se quiere huir, y la más común de las formas de tocar fondo es sucumbiendo a las tentaciones. No se pueden superar los obstáculos huyendo de ellos o negándolos, tenemos que meternos al pantano!!!

En el ciclo de la vida, ir al fondo del océano, ahogarse y no andar con flotadores parece una labor que naturalmente nos asusta, nos aterra, nos paraliza y a algunos como al famoso Peter los orilla a vivir en una realidad alternativa, exenta de todo peligro. Hay que aprender a confiar en la tempestad, hay que hundirse, flotar, ahogarse y salir... Hay que renunciar a la salida mientras no se haya tocado fondo (por muy absurdo que parezca, muchas veces el dolor sólo forma parte de la fantasía, ¿te lo has preguntado?). Aprender a soltar para ser capaz de resolver...si, si! resolver, no sólo cambiar conductas. Es necesario llegar al núcleo, a la esencia del conflicto, para poder conocer y elegir con libertad...esto sí que es resolver, y resolver con madurez, con consciencia plena!!!

Hay que revivenciar el origen del conflicto, buscar la verdad que hay ahí, no sólo adoptar con la interpretación mental que solemos dar (por comodidad la mayoría de las veces) a las experiencias. La solución está en la experiencia misma, en jugar al riesgo de profundizar en uno mismo". Arriesgar todas tus pertenencias, perderlas todas incluso, tocar fondo, cuasi-ahogarte, flotar, transitar tu duelo, recuperarte renovado... todo lo antedicho es recorrido por Sinbad, como una metáfora de autodescubrimiento y sanación de uno mismo.

Las pérdidas son condición inherente al crecimiento, desde la primera: la del paradisíaco y simbiótico vientre materno, pérdida de la completud y de la fusión. Las pérdidas nos acompañan toda la vida...pérdidas necesarias, pérdidas que aparecerán cuando nos enfrentemos al hecho ineludible de que nuestra madre va a dejarnos y nosotros a alejarnos de ella para convertirnos en un yo paulatinamente individualizado; que el amor de nuestra madre nunca será exclusivamente nuestro; que tendremos que aceptar (en los demás y en nosotros mismos) el amor mezclado con el odio, lo bueno mezclado con lo malo; que la niña no podrá casarse con su padre cuando haya crecido (ni el niño con su madre); que hay defectos en todas las relaciones humanas...la renuncia a nuestros sueños de relaciones ideales, para someternos a la humana realidad de las relaciones imperfectas; que nuestra condición en este mundo es implacablemente pasajera, que algún día moriremos. Las pérdidas involucradas en las limitaciones de nuestras capacidades. Estas pérdida forman parte de la vida, son constantes, universales e insoslayables. Y son pérdidas necesarias porque crecemos a través de ellas, al aprender a abandonar, aprender a soltar.

Muchas veces debemos renunciar para madurar, como lo cita Judith Viorst: "...perder es necesario para ganar...es la vida una retahíla de encuentros y separaciones, de pérdidas y ganancias". Todo encuentro contiene una separación, y cualquier separación es antesala de un nuevo encuentro. Y para ganar algo es necesario perder algo. Son los amaneceres y anocheceres por los que la historia de cada uno discurre. Para disfrutar plenamente de la alborada hace falta saber atravesar la noche que la precede.

De aquella primer separación de la vida, cuando la madre pare al hijo y nace al mundo: Nacer es naufragar para nadar a la orilla de la vida y entrar en el mundo de los otros...¿Cuánto sufrimiento si alguien se negara a nacer para no perder el paraíso terrenal del útero? O si no abandonara la niñez por las dificultades de hacerse mayor (como Peter Pan, que se niega a crecer, justo lo que le sucedió en la vida real a James M. Barrie, su autor: un adulto anclado en la niñez y que no pudo hacer la separación de su madre, por no dejarse naufragar no tocó jamás el puerto de la adultez y vivió en el país de "nunca jamás")... O si no se atreviera a establecer una relación amorosa, comprometida, por temor a la pérdida... O si un ser querido se va o se muere, y por no poder sentir y transitar esa pérdida se detiene en la depresión.

Referido esto, vale bien hacer una pausa (no anquilosante) y reflexionar sobre nuestra propia capacidad para soltar, para perder y crecer a través de las pérdidas pues como he dicho siempre: Yo nada sé...algo he estudiado, he leído un poco, he sentido bastante y he pensado mucho, aunque no acertaré a decir si bien o mal...y entre tanto que eh sentido, pensado, perdido y soltado, he hecho espacio al tema pretendiendo dejar la "mesa servida" para el delicioso manjar espiritual de la reflexión. Dicho pues, Bon Appétit !!!